Jueves, 24 de marzo de 2011

?Y si duermes? ?Y si mientras duermes sue?as? ?Y si en tu sue?o llegas al cielo y all? coges una flor extra?a y hermosa? ?Y si cuando despiertas encuentras la flor en tu mano? ?Ah! Entonces, ?qu??? Con esta ingeniosa paradoja, el poeta rom?ntico Samuel Taylor Coleridge (1772-1834) se refiri? a la frontera tan artificial como turbadora que separa el mundo on?rico del real.

Todas las noches, a los pocos minutos de acostarnos, nuestra mente entra en otro universo, el de los sue?os, que vivimos como si fuera tangible, pero del que no podemos traernos nada, al menos material. En un despiste de Morfeo, Coleridge le arrebat? unos bellos versos: el poeta confes? que so?? su poema Kubla khan y que al despertar comenz? a escribirlo tan r?pidamente como pudo, hasta que una peque?a distracci?n hizo que olvidara la parte final. Mary Shelley tambi?n sustrajo Frankenstein de su mente on?rica, y la serpiente mordi?ndose la cola que vio en sus sue?os el qu?mico August Kekule le sirvi? de inspiraci?n para concretar la hasta entonces desconocida estructura en forma de anillo del benceno.

Sin duda alguna, nuestra mente tiene ventanas instaladas por donde la vida nocturna se asoma al mundo exterior. Por lo general, mientras so?amos creemos impl?citamente que permanecemos l?cidos. Una encuesta pionera en nuestro pa?s sobre La actividad on?rica de los espa?oles y calidad del sue?o confeccionada por el psiquiatra Jos? Luis Gonz?lez de Rivera y realizada para MUYINTERESANTE por el Instituto DYM (ver recuadro en p?g. 56) revela que casi la mitad de los consultados tiene con m?s o menos frecuencia sue?os tan reales que cuando se despierta tarda unos minutos en percatarse de que s?lo ha sido eso, un sue?o. ?Por qu? ocurre as?? ?De qu? est?n hechos los sue?os? ?Para qu? sirven? ?Por qu? son tan distorsionados, tan fragmentados y tan fant?sticos? ?Qu? beneficio nos reportan?

?La encuesta efectuada por MUYINTERESANTE apunta que s?lo el 42,1 por 100 de los espa?oles piensa que la actividad on?rica es beneficiosa para el organismo; el 26,3 por 100 cree que los sue?os carecen de significado, frente al 14 por 100 que opina todo lo contrario; y casi el 31 por 100 est? convencido de que vaticinan el futuro. Un quinto de la poblaci?n sue?a en numerosas ocasiones con cosas que despu?s acontecen y el 5 por 100 de las personas halla la soluci?n a un problema cuando consultan con la almohada.

?Pero qu? dice la ciencia al respecto? Hoy por hoy, los sue?os son la tierra ignota de la neurolog?a, que intenta comprender su naturaleza con la ayuda de electroencefalogramas (EEG), polison?grafos ?aparatos similares a los detectores de mentiras que monitorizan autom?ticamente la actividad de determinados signos fisiol?gicos? y las modernas t?cnicas de exploraci?n cerebral, como esc?neres y tom?grafos de emisi?n de positrones (PET). Hasta tiempos relativamente recientes, la comprensi?n de las pesadillas recurrentes y de las im?genes surrealistas perge?adas por el so?ador eran competencia de chamanes, m?sticos, esot?ricos, brujas y literatos visionarios.

En las sociedades arcaicas, las enso?aciones fueron el medio privilegiado para contactar con lo sobrenatural, para conocer los acontecimientos ocultos, presentes o futuros, y para mantener un nexo con el mundo de los muertos. Los primeros escritos acerca de los sue?os y su interpretaci?n son tan antiguos como la misma escritura, pues la cuesti?n ya se aborda en dos tablillas sirias datadas en m?s de 6.500 a?os. Despu?s, babil?nicos, sumerios, egipcios y otras civilizaciones m?s modernas dedicaron una atenci?n especial a la actividad on?rica, hasta el extremo de conceder a los sue?os un valor y una relevancia casi sagrados. En el Talmud de los jud?os, por ejemplo, se mencionan 217 veces en clara relaci?n con profec?as; y en la Biblia pueden contabilizarse hasta 60 sue?os, la mayor?a premonitorios, como el de las siete vacas flacas y siete vacas gordas interpretado por Jos?, el de la escalera que un?a el cielo con la tierra so?ado por Jacob y el que advirti? a Jos? de las intenciones infanticidas de Herodes. Y en los pa?ses musulmanes, la orinomancia se difundi? a trav?s del Cor?n: Mahoma antes de morir sentenci? que ?entre todas las profec?as s?lo los sue?os perdurar?n?.

Los primeros conatos de abordar el misterio de los sue?os desde planteamientos cient?ficos son relativamente recientes. En su obra La interpretaci?n de los sue?os, Sigmund Freud describe el mundo on?rico como el ?camino real hacia el inconsciente?, una parcela de nuestra psique invadida por s?mbolos f?licos, inversiones, fantas?as, distorsiones y asociaciones extra?as bloqueadas o reprimidas en el pensamiento consciente. Para el padre del psicoan?lisis, cuando el cerebro racional duerme, los deseos atrapados en el inconsciente se sirven de los sue?os para ?acceder al preinconsciente, y desde ?l tener acceso al consciente?. Pero entre las mentes inconsciente y consciente se alza un muro que -filtra, tamiza y codifica los murmullos on?ricos. Su interpretaci?n constitu?a un instrumento para desvelar los dominios ocultos de la psique y resolver problemas emocionales y de otra ?ndole.

Pero Freud no fue el ?nico cient?fico que se interes? por los sue?os en las primeras d?cadas del siglo XX. El psiquiatra holand?s Frederick van Eeden ahond? en los llamados sue?os l?cidos, ya descritos por Arist?teles, que son aquellos en los que el durmiente percibe que est? so?ando e incluso es capaz de intervenir o influir voluntariamente en su desarrollo. A partir de su propia experiencia so?adora, Carl Jung, principal rival de Freud, reconoci? en sus sue?os y visiones varias figuras arquet?picas que, seg?n ?l, manaban de lo que llam? el inconsciente colectivo, un ba?l mental donde apilamos s?mbolos e im?genes comunes a toda la humanidad.

En la d?cada de los cuarenta, destac? el psic?logo estadounidense Calvin Hall, que recab? m?s de 50.000 informes de sue?os. Este copioso material le permiti? buscar pautas comunes en los sue?os y lanzar la teor?a de que ?stos expresan conceptos del yo, la familia, los amigos y el entorno social. Para Hall, la frecuencia de ciertos elementos on?ricos reflejaba las preocupaciones de la vigilia, hasta el extremo de que le era posible adivinar el estilo de vida y la personalidad del individuo a trav?s del relato de sus enso?aciones.

Pero mientras unos hurgaban en? la trinidad de consciente-preconsciente-subconsciente, otros hac?an electroencefalogramas a so?adores. En 1929, Johannes Berger demostr? que la actividad el?ctrica de los cerebros despiertos y dormidos resultaban dispar, y ocho a?os despu?s Alfred Loomis estableci? que el sue?o no es un estado pasivo de apagamiento homog?neo de la actividad neuronal, sino un proceso activo que a lo largo de la noche pasa por fases diferenciables entre s? por cambios en las pautas de excitaci?n el?ctrica cerebral. Gracias al EEG, los neur?logos empezaban a coquetear con la mente so?adora.

En 1953, la fisi?loga Nathaniel Kleitman y la becaria Eugene Aserinsky llevaron a cabo un hallazgo fascinante que supuso un punto de inflexi?n en la investigaci?n on?rica: descubrieron que mientras dormimos ocurren periodos que cursan con sacudidas y movimientos r?pidos de los ojos. Denominaron a esta agitaci?n ocular fase REM (Rapid Eye Movements) del sue?o. Adem?s, Kleitman y Aserinsky demostraron que los sujetos eran capaces de recordar sus enso?aciones con mayor viveza y frecuencia al despertarlos en plena REM.

Otro disc?pulo de Kleitman, William Dement, consigui? descifrar en 1957 los v?nculos entre la enso?aci?n y las distintas fases on?ricas, que agrup? en dos, la REM y la no REM (NREM). Sus investigaciones con gatos tambi?n le permitieron comprobar que los humanos no eran los ?nicos mam?feros que sue?an y que disfrutan de la fase REM. Hoy se sabe que las aves y los reptiles tambi?n la experimentan. Su presencia parece indicar que el sue?o persigue alg?n objeto evolutivo. ?Cu?l? En palabras de Michel Jouvet, experto de la Universidad de Lyon, en Francia, el cometido biol?gico del sue?o REM constituye un misterio insondable que seguir? as? durante d?cadas. Hip?tesis? desde luego no faltan: recuperaci?n fisiol?gica de las funciones mentales, conservaci?n de la energ?a, consolidaci?n de la memoria, gesti?n de datos, termorregulaci?n y detoxificaci?n cerebral y reparaci?n tisular, entre otras.

?Hay quien dice que dormimos para so?ar. La privaci?n prolongada del sue?o puede desencadenar alucinaciones ?es decir, que el sujeto sue?e despierto?; y un aumento de la presi?n del sue?o REM, esto es, que el insomne empiece a vivir experiencias on?ricas justo despu?s de conciliar el sue?o?, dice el doctor Gonz?lez de Rivera.

Mientras dormimos, nuestro cerebro pasa de un estado NREM a REM de forma c?clica. El primero en manifestarse es el no REM; todo el cerebro aparece invadido por una marea de ondas delta, que con sus oscilaciones lentas genera un sue?o profundo y pl?cido. Entre 60 y 90 minutos despu?s, aparece normalmente la fase REM o sue?o parad?jico. Ahora, la actividad cerebral se torna fren?tica ?casi comparable a la del estado de vigilia? y viene acompasada de claros signos fisiol?gicos: aparte del movimiento ocular, aumento del ritmo card?aco, de la presi?n arterial y del ritmo respiratorio; par?lisis muscular, para impedir que se representen los sue?os; y erecci?n del pene en los hombres y engrosamiento del cl?toris y lubricaci?n vaginal en la mujer.

Por desgracia, ning?n cient?fico ha sido capaz hasta la fecha de destapar una conexi?n tangible entre este alboroto f?sico y mental durante el periodo REM y el contenido de los sue?os. El movimiento de los ojos, verbi gratia, casi nunca obedece al contenido visual de los sue?os. Las erecciones peneanas y las lubricaciones vaginales tampoco son estimuladas necesariamente por los sue?os er?ticos. Y desde hace una d?cada, los neur?logos andan meditabundos por un hecho desconcertante: muchos sue?os son reportados por gente al despabilarse tanto en fase REM como en la no REM. ?Entonces, c?mo puede emerger la actividad on?rica de dos estados mentales tan dispares?

Parte de la respuesta podr?a encontrarse en un descubrimiento hecho p?blico recientemente por el neurocient?fico Tore A. Nielsen, de la Universidad de Montreal, en Canad?. Seg?n ?ste, elementos cruciales del sue?o REM, que denomina REM encubiertos, operan tambi?n en los estados NREM. ?Esta acci?n disimulada podr?a ser la responsable de las enso?aciones que se registran en las fases no REM del sue?o?, dice Nielsen. Por otro lado, el japon?s Hiroyuki Suzuki, del Instituto Nacional de Salud Mental, en Ichikawa, ha comprobado que existen diferencias significativas entre los sue?os que describen los despertados en una y otra fase. Suzuki asegura que los sue?os NREM tienden a ser cortos y superfluos, mientras que los REM son largos y ricos en contenidos.

El hecho de que las enso?aciones m?s vivas nazcan justo cuando el cerebro durmiente se comporta como si estuviera l?cido ha captado el inter?s de la neurolog?a cognitiva. Para Stephan LaBerge, director del Lucidity Institute, en Palo Alto (California), los sue?os no son otra cosa que experiencias, es decir, ?sucesos vivientes que uno ha vivido personalmente?. LaBerge, uno de los mentores modernos de los sue?os l?cidos, considera que la actividad on?rica es una organizaci?n particular de la conciencia, que la define como ?el sue?o de lo que ocurre?. En uno de los cap?tulos de Las grandes preguntas de la ciencia (Cr?tica, 2003), este onironauta escribe lo siguiente: ?Despiertos o dormidos, nuestra conciencia funciona como un modelo simplificado de nosotros mismos y de nuestro mundo construido por nuestro cerebro a partir de las mejores fuentes de informaci?n disponibles?.

Durante el sue?o, la entrada de est?mulos externos resulta muy limitada y, por tanto, el modelo se construye en el cerebro a partir de la sesgada informaci?n interna derivada de motivaciones y experiencias pasadas, desde deseos freudianos hasta temores y esperanzas. ?Desde esta perspectiva, el acto de so?ar puede contemplarse como un caso especial de percepci?n libre de las limitaciones impuestas por los est?mulos sensoriales externos?, concluye este investigador.

Un asunto pendiente de resoluci?n reside en determinar hasta qu? punto la fren?tica actividad el?ctrica que registran los EEG durante el periodo REM se corresponde con la experiencia cognitiva que los cient?ficos describen como sue?os. En 1967, el doctor Jouvet identific? en el puente del tallo cerebral o tronco encef?lico un colectivo de neuronas que podr?a definirse como el conector del REM o ?el generador de estados on?ricos?.

La manera en que act?a este interruptor neuronal fue descrita m?s tarde por el equipo de J. Allan Hobson, un experto on?rico de la Escuela M?dica de Harvard, en Boston. En opini?n de Hobson, los sue?os son activados por la excitaci?n espont?nea de las neuronas y no por la energ?a de la reprimida libido.

B?sicamente, la actividad on?rica de la fase REM emerge de tres acontecimientos neuronales: primero, surge la actividad del tallo cerebral y desata respuestas en las regiones emocionales y visuales del cerebro; segundo, se desactivan las regiones nerviosas que reciben est?mulos externos, las que controlan los movimientos y las que llevan a cabo el an?lisis l?gico; y tercero, las neuronas pontianas segregan acetilcolina, un neurotransmisor que despierta el c?rtex adormecido y genera los sue?os. El resultado, seg?n Hobson, no es otro que una ?viva alucinaci?n? instigada por fuertes emociones. Otro neurotransmisor, la norepinefrina, liberado por el llamado locus coreolus del tronco encef?lico, inhibe autom?ticamente el sue?o parad?jico.

Pierre Maquet y sus colegas de la Universidad de Lieja, en B?lgica, han estudiado con precisi?n la actividad neuronal durante las enso?aciones con la ayuda del PET, un tom?grafo que permite visualizar en directo y a color c?mo trabaja el cerebro. De este modo, Maquet ha observado que la actividad cerebral es distinta en las fases REM y NREM. En los sue?os, las ?reas visuales trabajan a destajo, as? como el t?lamo, la am?gdala y el tallo cerebral, lo que explica la enorme carga emocional y la fuerza de las im?genes on?ricas. Sin embargo, la corteza prefrontal, que rige el pensamiento racional, y la parietal, que participa en las sensaciones som?ticas y el control del movimiento, aparecen al ralent?. Esta pasividad neuronal explicar?a, en parte, las distorsiones temporales, la irracionalidad y el surrealismo que impregnan las enso?aciones. ?Pero qu? -necesidad tiene el cerebro de montarse cada noche estas alucinantes pel?culas que, dicho de paso, nos fascinan y anhelamos conocer su significado? Como dijo Freud, ?cualquiera que despierto se comportara como lo hiciera en sus sue?os ser?a tomado por loco?.

Numerosas hip?tesis intentan explicar el sentido psiconeurobiol?gico de la actividad on?rica. Para algunos psicoanalistas en consonancia con las tesis freudianas, los sue?os constituyen una v?lvula de seguridad de la mente, esto es, una v?a de escape para los mensajes tab?, contradictorios y emocionalmente hirientes para nuestro superego pedante. Otros expertos aseguran que necesitamos los sue?os para el equilibrio psicol?gico. LaBerge afirma que ?sue?o para saber qui?n soy m?s all? de qui?n sue?o que soy? y piensa que las enso?aciones son, aun suponiendo que est?n vac?as de mensaje, ?nuestras creaciones personales m?s intimas y, como tales, est?n inequ?vocamente influidas por qui?n y qu? somos o podemos llegar a ser?.

Un planteamiento radicalmente opuesto fue propuesto hace dos d?cadas en la revista Nature por los bi?logos Francis Crick, codescubridor de la estructura del ADN, y Graeme Mitchison. Es ?ste: ?so?amos para olvidar?. Para Crick y su colega de la Universidad de Cambridge, el sue?o REM elimina las conexiones sin?pticas superfluas, todas las asociaciones y trazos de recuerdos que, si permanecieran para siempre en el entramado neuronal, nos abrumar?an. En t?rminos inform?ticos, los sue?os limpian de archivos basura nuestro disco duro que es el cerebro. Por su parte, Maquet y otros cient?ficos sostienen que las enso?aciones realizan otra clase de procesado de la informaci?n que tiene que ver con el aprendizaje y la consolidaci?n de la memoria. En palabras del psiquiatra Hernest Hartmann, la actividad on?rica facilita la incorporaci?n de las nuevas experiencias vividas a la memoria e incrementa las asociaciones entre diferentes eventos experimentados por el so?ador.

Por ?ltimo, el programador inform?tico Bradley York Bartholomew, miembro de la Asociaci?n para el Estudio de los Sue?os (ASD), otorga a los sue?os un papel gen?tico, pues sostiene que la fase REM dispara la acci?n de un gen que programar?a las neuronas cerebrales para optimizar sus funciones espec?ficas durante el estado de vigilia.


Publicado por ZAYSHA @ 21:34  | SUE?OS
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios